“El liberal conservador es un naturalista”

el liberal conservador es un naturalista, es decir mira la sociedad como un fisico estudia la caida de las piedras, sin intentar idear la forma de que las piedras caigan hacia arriba. Por eso el conservador no se confía a la tradición por pura defensa ante lo que no conoce (1), sino por principio, ya que la tradición forma parte de lo que existe. Y si no lo comprende, está claro que la razón está de parte de lo que existe, y no de parte de su intelecto limitado. Así que intenta vivir con sus limitaciones sin hacerse ilusiones sobre utopias personales o sociales. Honra a sus antepasados, aprende su historia e intenta no repetir sus errores y seguir sus normas éticas y morales dentro de lo que cabe. Cualquier pequeña mejora de su vida y o de su conocimiento de las cosas es celebrada…
Así como las instituciones tradicionales son el cimiento de la sociedad, el sentido común son los cimientos del lo que es razonable. Ambos sentido común e instituciones son resultado de un proceso de selección operando sobre la mente social del ser humano y la sociedad humana respectivamente. O, alternativamente, responden a un diseño divino, o ambas cosas, como se quiera. En cualquier caso, desde hace diez mil años hasta hace un siglo, lo que era razonable tenía que ser compatible con el sentido común y con las tradiciones. Así era para los filósofos griegos. Y para el conservador es así y lo será siempre. Obviar tradiciones o sentido común es una receta para el desastre.
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¿Conservador o liberal? ¿O ambas? ¿O ninguna?

Es esta una cuestión que me he preguntado durante bastante tiempo. Existe un serio rechazo a autodenominarse conservador o incluso algunos te lo dicen en plan insultante.

Liberal, desde un punto de vista etimológico, es la persona que basa su ideología, entendida como conjunto de ideas, en la libertad. Claro que como las palabras son equívocas cada uno entenderá libertad como le plazca. Así es como nacen las distintas escuelas del pensamiento liberal, unas más tendentes a justificar un Estado pequeño que proteja a los ciudadanos pero que no coarte sus libertades, hasta los que rechazan totalmente la formación de un Estado, por considerar que si existe, los ciudadanos dejan de serlo para transformarse en súbditos o, incluso, esclavos.

Pero el liberalismo se puso de moda y, por tanto, todo el mundo quiere ser liberal. Además, el ser conservador se dinamitó desde dentro, al considerarse algo ancestral y, en palabras del gran ideólogo Pepiño, casposo. Además, se identificó ser conservador, con ser “de derechas de toda la vida” y por tanto algunos consideraron que eso significa que eres franquista o, mejor dicho, “facha“. El resultado es precisamente que nadie quiere ser llamado conservador.

Algún que otro exaltado, considera como “modelo” de conservadurismo a Ann Coulter. Sé lo que significa para los americanos: no en vano llevo ya muchos años escribiendo en inglés y he visto por qué la adora lo que aquí se llamaría el “ala más dura” del republicanismo americano. Ann Coulter significa el no tener complejos a decir lo que a cada uno se le antoje, esto es, el no tener complejos de decir lo que ella considera que es “conservador“, pero por eso en muchas ocasiones no piensa lo que dice.

Particularmente, creo que el conservadurismo consiste precisamente en saber qué conservar y qué no. En España, país muy ideologizado, pero en el que se lee poco y se entiende bastante menos, lo que mola es seguir como adoctrinados a los periodistas de una u otra cadena o periódico. Por eso, no existe debate sobre las ideas, algo que, a pesar de que Felipe González se lamente, al PSOE le ha venido muy bien.

De modo que, ¿qué entendería yo por conservador? En el caso español, se es conservador, si se defiende:

  • la Nación española,
  • la consideración del Estado como garante de las libertades pero no como coartador de ellas, salvo cuando esté expresamente justificado en beneficio de los demás ciudadanos,
  • la labor del ejército y la policía precisamente con el fin anterior.
  • la subsidiariedad estatal sólo y exclusivamente respecto de determinadas cuestiones, que no incluyan desde luego aquellas que aseguran la igualdad de los españoles en el cumplimiento de los deberes y el ejercicio de los derechos (por ejemplo, estarían aquí la educación o la sanidad).
  • la democracia como modelo de participación del ciudadano en la vida pública.
  • la persecución de los delitos que vayan en contra de las libertades de los ciudadanos (por ejemplo, apología del terrorismo)  o que vayan en contra de la colectividad, como conjunto de ciudadanos que han de ser defendidos por el Estado (por ejemplo, amenazas terroristas -si no nos dan esto, volamos un edificio-). Se incluyen los delitos llamados de tráfico, fundamentalmente contrabando y tráfico de drogas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas, por los altos costes que representan para la sociedad (bajas laborales, envejecimiento prematuro, etc).
  • la necesidad de que las actividades de fomento del Estado sean las más necesarias, aunque reduciendo el gasto público en todo lo que no sea estrictamente necesario. Incluye, por supuesto, la extinción de toda una pléyade de fundaciones, agencias y otras entidades que muchas veces sirven para poco o son simplemente excusa para colocar al hijo, sobrino, hermano o primo de quien las crea.
  • la guerra se defiende como algo necesario en supuestos determinados, como el ataque exterior. El problema moderno es que no existe la guerra convencional y, por tanto, tampoco los ataques son “convencionales” ni se declara la guerra a un país determinado. En el caso de Bin Laden, declaró la guerra a “cruzados y sionistas“, lo que incluye sólo a partes de la población de determinados países. Sería necesario examinar con cuidado los datos para ver si está suficientemente justificado o no.
  • la ausencia de dirigismo de los partidos políticos, ya que su injerencia no está en ningún caso justificada por ninguna razón de orden público en cuanto a la “formación y expresión de la voluntad popular“, aunque sean importantes en ella (artículo 6 de la Constitución Española).
  • el reconocimiento de la cultura greco-romana y judeo-cristiana como base de nuestra cultura moderna y de la aconfesionalidad del Estado, con expreso rechazo del laicismo.

No sé si me queda alguna, pero en todo caso, también dentro del conservadurismo existen líneas o tendencias.

Desde luego, no son conservadores ni los de la “extrema derecha” ni los que realmente son “fachas“, porque no reconocen a la democracia como forma de gobierno y piden el intervencionismo del Estado de una manera más próxima a un socialista que a un conservador o liberal.

Entonces, me hago la pregunta: ¿y yo qué soy? Interesante, pero no lo sé. Desde luego, anarco-capitalista no, eso lo tengo claro. Sin embargo, sí es cierto que en la práctica totalidad de los anteriores estoy de acuerdo. Especialmente en la lucha contra las drogas, lo que me ha separado mucho de ciertos liberales. Eso y la falta absoluta de sentido común que se ve en algunos de ellos.

Si me colocara una etiqueta sería la de liberal-conservador, en todo caso, moderada. Los extremos nunca me han gustado.