El nuevo Gobierno francés

Ayer se publicó la composición del nuevo gobierno.

Lo más sorprendente: la salida del ya ex-Ministro de Medio Ambiente, Borloo, a quien Sarkozy ha ofrecido los puestos de Ministro de Asuntos Exteriores o de Justicia, que ha rechazado porque quería “más libertad de acción“. Se interpreta este gesto como indicativo de una posible alternativa a Sarkozy de centro liderada por Borloo.

Lo que más me ha sorprendido: hay 22 ministerios, o sea que ha aumentado su número en 2. Ayer se rumoreaba que iba a disminuirlos de 20 a 17.

También se va Woerth, el ministro de Trabajo implicado en el affair Bettencourt y que estaba muy desgastado como consecuencia de las revueltas contra la reforma de las pensiones.

Como ya dije ayer, Alain Juppé vuelve a la política francesa de primer orden. Ha sido nombrado Ministro de Defensa y de Antiguos Combatientes y se convierte así en el segundo hombre del Gobierno, tras el Primer Ministro, François Fillon.

Al ex-Ministro de Asuntos Exteriores, Kouchner, le sustituye Michéle Alliot-Marie, la anterior Ministra de Defensa.

El propósito es claro: liderar una Francia que pueda responder al reto de ser Presidente del G20 al año que viene, pero sobre todo que permita a Sarkozy presentarse con soltura a las elecciones del 2012.

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Un dato curioso: Sarkozy ha fichado para el nuevo Gobierno, como Secretaria de Estado de la Solidaridad (¡menudo nombre!) a Marie-Ann Monchamp. El nombre en sí no nos dice nada, pero es la co-fundadora, con el ex-Primer Ministro y archirival de Sarkozy, Dominique de Villepin, del Partido Solidario.  ¿No se palpa la ironía? Pues aún hay más: el nuevo gobierno ha sido nombrado el día del 57º cumpleaños del ex-Primer Ministro. 😈

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Mossa será juzgado hoy por apostasía en Afganistán

Sayed Mossa tiene 45 años, es padre de 6 hijos, el menor de 8 años y uno de ellos es minusválido. Durante varios años ha sido colaborador de la Cruz Roja, pero hoy será juzgado en Afganistán por apostasía.

Mossa se convirtió al Cristianismo y fue denunciado y encarcelado. Durante su tiempo en prisión ha sido torturado y soportado burlas (“me hicieron cosas sexuales, me pegaron con madera en las piernas y en las manos, se burlaron de mí -“es JesuCristo”-, me escupieron. No me dejaron dormir ni de día ni de noche“) y los abogados musulmanes que le han ido sucesivamente nombrando se han negado a defenderle por ser apóstata.

Posiblemente sea condenado a muerte hoy mismo. ¿Algo que decir, señor Zapatero? ¿Algo que decir, señora Ministra de Asuntos Exteriores? ¿Algo que decir, señores políticos en general? ¿O eso sólo sirve para el estúpido intento de la quema del Corán pero no para asesinatos de cristianos o de herejes musulamanes o condenas a muerte por apostasía?

Me pregunto: ¿para esto estamos en Afganistán? Porque no es el primer caso: anteriormente ya se procesó por este delito a Abdur Rahman pero la presión internacional hizo que se suspendiera la sentencia y que pudiera salir del país. Ahora vive en Italia.

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Eso es por lo que los juristas musulmanes unánimemente consideran que los apóstatas deben ser castigados, aunque no se ponen de acuerdo sobre el castigo a imponer. La mayoría, sin embargo, incluyendo las cuatro principales escuelas de jurisprudencia (Hanafi, Maliki, Shafi’i y Hanbali) así como las otras cuatro escuelas de jurisprudencia (las cuatro escuelas chiítas de Az-Zaidiyyah, Al-Ithna-ashriyyah, Al-ha’fariyyah y Az-Zaheriyyah) están de acuerdo en que los apóstatas deben ser condenados a muerte.

Yusuf Al-Qaradawi, “Apostasía: Mayor y Menor”. Islamonline.net.

Impuestos globales

Leo en el diario conservador americano Washington Times que en Seúl (reunión de G20, ¿recordamos?) “183 organizaciones de 42 estados pidieron el establecimiento de un impuesto global sobre los bancos. El conocido como “Impuesto Robin Hood“, sin embargo, no es el único: también están los que piden uno en beneficio del “medio ambiente” a los que se ha sumado el ínclito Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon.

Lo preocupante aquí (y que creo que lo es mucho) es que el ciudadano normal no tiene mucho poder sobre los impuestos aprobados en su parlamento nacional (poca relación entre miembros del parlamento y ciudadanos, falta de comprensión de los políticos de los problemas reales, ansia regulatoria…). Pero en última instancia siempre puede votar a otros que prometan bajar los impuestos (o, al menos, no los suban) con la esperanza de que lo hagan.

Sin embargo, el ciudadano de a pie carece de medidas de presión contra los entes internacionales. Su poder es nimio, porque depende de lo que hagan sus políticos y, normalmente, no vota influido por la posición que tengan los partidos en estas cuestiones, porque “quedan lejos“. Así que, ¿alguien puede creerse que los ciudadanos quieren pagar más impuestos para que los gestione un ente tan opaco e incontrolable como la ONU o cualquier otro ente internacional?

Yo no.