El caso Rizana Nafeek

Rizana Nafeek tiene 22 años (nació en 1988) y acaba de ser condenada a muerte en Arabia Saudí por decapitación, acusada de haber matado al bebé que cuidaba hace 5 años (tenía 17, era menor de edad), tras un juicio en el que hubo diversas irregularidades. La condena a muerte se ejecutará después de la festividad árabe del Eid. Ni siquiera su familia ha sido notificada, siendo el padre del bebé muerto quién anunció la noticia.

Lo interesante del caso es que Rizana es musulmana, pero no árabe ni saudí. Es de Sri Lanka y una más de esas mujeres que llegan al reino saudí para hacer el trabajo que todos los saudíes consideran degradante: empleada de hogar. Proceden del Sudeste Asiático (Filipinas, India), otros países del Golfo (Yemen) o África (Somalia, Eritrea).

Las empleadas de hogar trabajan en condiciones infrahumanas, a veces en semiesclavitud o en esclavitud pura y dura, con jornadas agotadoras y sin días de descanso e incluso, negándoles el sueldo o salario ofertado. A otras se les priva de movilidad, reteniéndolas el pasaporte y otras han pasado un calvario de abusos sexuales con su patrón, pudiendo ser castigadas por adúlteras, o han sido obligadas a prostituirse. Para colmo, algunos las torturan (ejemplos: a una le clavaron puntas, por protestar por las condiciones de trabajo y a otra le ataron de pies y manos durante un mes produciéndole gangrena). Cuando emigran a otros países, continúan con las prácticas abusivas. Las acusaciones incluyen a la realeza saudí.

Algunas de ellas tienen la suerte de poder escapar a uno de las casas de refugio para empleadas de hogar, que hay por todo el país. El gobierno saudí, en lugar de ayudarlas a que salgan del país y castigar a sus jefes, lo que hacen es devolverlas a las casas en las que trabajaban y de las que se escaparon.

Se habla mucho de la islamofobia y el racismo contra los inmigrantes en Occidente, pero bastante poco (o nada) del racismo y la xenofobia inherentes a la cultura árabe, de la que es prueba irrefutable este caso (y otros muchos) de empleados extranjeros en Arabia Saudí. Sin embargo, y a pesar del trato vejatorio y humillante dispensado a los extranjeros, la ONU nunca ha condenado a Arabia Saudí por esta cuestión (ni por ningún otro abuso a los Derechos Humanos.

Algo sorprendente teniendo en cuenta que una de las autoridades religiosas del país, Jeque Saleh Al-Fawzah, escritor de un libro generalmente usado en las escuelas para enseñar a los niños y adolescentes saudíes su religión, dijo textualmente: “La esclavitud es una parte de la jihad y la jihad existirá mientras exista el Islam“. Después de criticar que se hubiera abolido, criticó a los que la rechazan, calificándolos de “ignorantes, no estudiosos. Simples escritores. Cualquiera que diga esas cosas, es un infiel“.

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Saleh Al-Fawzah es miembro del Consejo Superior de Clérigos (el órgano supremo saudí en materia religiosa), miembro del Consejo de Edictos Religiosos e Investigación, imán de la mezquita Príncipe Mitaeb en Riyah y profesor en la Universidad Islámica Mohammed bin Saud, el centro de estudio más importante del Wahabismo.

PS: No sólo la ONU padece de doble rasero con Arabia Saudí. El Gobierno español también.